martes, 14 de agosto de 2012

Recordando al Maestro Antonio De Raco (1916-2010)



Elegido por centenares de alumnos, tenía en su haber todas las condiciones del gran músico, excelente pianista y Maestro. Cuando presencié por primera vez una masterclass suya en el Conservatorio de La Lucila, supe con total claridad que tenía frente a mí la solución a todos los problemas técnicos y musicales que aún no había podido resolver.


Percibí con claridad que las horas de estudio serían muchas, pero que sabiendo cómo estudiar podía resolver las dificultades técnicas y luego sólo tendría que buscar el resultado musical.
En las clases grupales del Conservatorio entre tantas y tantas explicaciones y ejemplos se deslizaba un comentario gracioso, una anécdota, lo cual lograba aflojar la tensión que podía estar presente ante tanto detalle de un trabajo más que minucioso y profundo.

Durante un tiempo nos hacía trabajar sobre relajación en el teclado hasta poder aplicar el concepto a alguna obra. Recuerdo que la primera fue la Invención N° 8 en Fa de Bach (a 2 voces) y al poder coordinar las notas picadas con la ligadas en las dos manos sentí una gran libertad de movimiento. Sentí que volaba sobre el piano. Desaparecieron los dolores de espalda cuello y brazos, ya que tocar reservando energía era la meta más preciada. Los dedos cobraron mucha agilidad, y el tan famoso anular, terror de todos los pianistas, comenzó a desenvolverse con naturalidad. Se había cumplido un sueño: sentirme una unidad con el piano, parecía no existir límite alguno entre el cuerpo y el instrumento.

El abordaje de los diferentes conceptos musicales era cada vez un desafío mayor y más profundo, abarcar el repertorio propio y estar muy atentos a las obras que estudiaban los compañeros de la clase, producía un crecimiento aún mayor.

Muchos años junto al Maestro me posibilitaron no sólo el conocimiento de la Música, sino además, me permitieron reconocer a un ser luminoso. Guardo los más bellos recuerdos y mucho agradecimiento por su tiempo, su paciencia, su dedicación para transmitir lo que él más amaba en su vida, la Música.

Recordar al Maestro De Raco es celebrar la vida, una vida llena de matices como la música misma, de buen humor, de generosidad en la entrega, de infinita paciencia, su exigencia para lograr lo más  excelso, sus cuentos, sus anécdotas, en fin un ser muy especial.

Recordaré siempre a mi querido Maestro y aplicando sus sabios consejos estará presente su obra. Honrar su vida es transmitir su saber a las generaciones venideras, con el mismo amor con el cual él lo derramó en sus discípulos.

Nélida Sánchez
www.nelidasanchez.com.ar

No hay comentarios:

Publicar un comentario