domingo, 13 de noviembre de 2011

"La Orquesta del Doctor Dalesius" - Cuento por Leo Maslíah

Extraído del Nº 44 de la Revista-e Claves Musicales (que salió en Julio 2003) :

Hoy tengo la emoción de compartir con ustedes un breve cuento del uruguayo Leo Maslíah. Sé que muchos de ustedes lo conocen, escucharon su música y/o leyeron sus libros, pero para quienes aún NO lo conozcan... sepan que se trata de uno de las artistas más BRILLANTES, CREATIVOS y GENIALES que existen actualmente (y no exagero).

Compositor, pianista, guitarrista, escritor, humorista. No sólo grabó 33 discos con obras propias, publicó 30 libros, ¡¡sino que además el mes pasado estrenó su primera ópera ("Maldoror") en la sala principal del Teatro Colón de Bs. As.!! Amén de todos estos méritos, Leo es suscriptor de Claves Musicales (!).

El otro día le pregunté si quería aportar algo para Claves Musicales, y enseguida me mandó este "cuentito", tomado de "Carta a un escritor latinoamericano y otros insultos" (Ediciones de la Flor, año 2000). Así que aquí va, publicado con el consentimiento del autor.


"LA ORQUESTA DEL DOCTOR DALESIUS" - por Leo Maslíah

Oído absoluto : dícese de la capacidad que tienen algunas personas para determinar, al oír un sonido cualquiera, cuál es la nota musical cuya frecuencia le es más próxima.

El concierto dio comienzo colmando plenamente las expectativas del público en cuanto al tiempo utilizado por los músicos para afinar sus instrumentos o para instalarse cómodamente frente, junto, sobre, o dentro de ellos.

Lo primero en sonar había sido la boca del violinista, que no tenía oído absoluto pero sí cuerdas vocales absolutas, de modo que cantaba él mismo el "LA" que necesitaba como referencia para afinar. Enseguida consultó al contrabajista en cuanto a si la nota que cantaba y la que tocaba, en la segunda cuerda, se parecían en algo. Un glissando del trombón fue barriendo luego sucesivamente una infinidad de notas entre las cuales se hallaban las referencias requeridas por el resto de los ejecutantes.

El público, por una feliz coincidencia, estaba compuesto en su totalidad por personas provistas de un sentido absoluto de la vista, de modo que, pese a la deficiente iluminación del teatro, ningún espectador tuvo dificultad en apreciar que la casaca del violinista era beige, la camisa del trombonista era bordó, la chaqueta del saxofonista era ámbar, la campera del xilofonista era verde y la chomba del bandoneonista era carmín.

La flautista, que tenía olfato absoluto, había percibido ya, en los camarines, que la chelista se había puesto perfume Crazy de Krizia, que el violinista tenía Fleurs de Orlane, el trombonista Chanel número cinco, el saxofonista Pesadilla seis, el baterista La Muerte de Freddy y el contrabajista llevaba cuatro días sin bañarse. El xilofonista, si bien no erademasiado virtuoso en el manejo de su instrumento, tenía un sentido absoluto del pensamiento (en la cultura tradicional de la India, el pensamiento es considerado como uno de los seis sentidos), de manera que podía saber, en todo momento y con relación a cada uno de los espectadores, qué nota se esperaba que él tocara. De este modo supo que, luego de las primeras notas, la gente prefería que se mantuviera callado. Ejercitó entonces su sentido del pensamiento para dictaminar que la flautista era kantiana, el violinista heraclíteo, la chelista bolchevique, el trombonista gay, el saxofonista mormón, el bandoneonista anarco, el baterista cuáquero y el contrabajista hippie. Este individuo, dotado de un sentido absoluto del tacto, sabía que su instrumento era de madera. Y aunque lo había averiguado por otros medios, estaba enterado también de que sus calzoncillos eran de franela, su camiseta de algodón, sus calcetines de fibra sintética y el vestido de la chelista de arpillera italiana.

Esta mujer, aunque nadie salvo ella lo sabía, estaba dotada de gusto absoluto, pero un sentido (no innato sino adquirido) del decoro, bastante acendrado, le impedía andar por ahí lamiendo al resto de la orquesta y a los espectadores para obtener información sobre ellos. No pudo saber, tampoco, por qué el concierto no era del gusto del público, ni cuál era la causa de que éste se hubiera dividido en dos grupos: los que se iban de la sala y los que se quedaban a tirar tomates a la orquesta.

El cronista de un importante medio de prensa, en su artículo, explicó esto diciendo que la obra ejecutada "no tenía absolutamente ningún sentido".




PD: Aquí les paso una foto que me saqué con Leo Maslíah en el año 2003 antes de un concierto que dimos junto a la Banda Sinfónica de la Ciudad de Buenos Aires. Perdón por la baja calidad de la foto.

 Izquierda: Gabriel Blasberg - Derecha: Leo Maslíah


1 comentario:

  1. asqueroso pichurris feo cuento hbhgahagag mentilis pikitos pa ti" mi Rey hahaha lo kelo mi mol

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