Por Hugo Landolfi - Director
Escuela de Tecnología Pianística de Buenos Aires
Desde tiempos inmemoriales nos han dicho a quienes somos aficionados
al piano, pianistas, o a quienes simplemente tocamos el piano como
entretenimiento, que aprender a afinar nuestro propio piano era algo
extremadamente difícil, y que dicha actividad estaba reservada solamente
para ciertas personas que nacieron dotadas de un oído especial.
Sumado a esto, la profesión de técnico de pianos ha estado siempre
rodeada de un halo de misterio, dado que los técnicos usualmente se han
mostrado muy misteriosos con respecto a su trabajo y no han estado
dispuestos a enseñarlo a nadie. Por otro lado, muchos profesores y
maestros de piano usualmente se han referido a ciertos técnicos de
pianos como si fueran la encarnación de un “dios musical”, atribuyéndole
un oído y unas dotes musicales extraordinarias, difícilmente
alcanzables para el resto de los mortales.
Pero…déjame decirte algo: Nada de eso es cierto. Nos han mentido descaradamente.
La verdad es que cualquier persona, con condiciones auditivas
normales y con destrezas manuales comunes, puede aprender sin problemas a
afinar su propio piano. Mi experiencia de más de 15 años formando
afinadores de pianos en más de 30 países del mundo así me lo demuestra.
He tenido alumnos con edades desde los 12 años hasta 75; algunos de
ellos con solo estudios primarios completos y algunos otros con estudios
universitarios; he tenido mujeres y hombres; amas de casa; empresarios;
pianistas; profesores de piano; instrumentistas de otros instrumentos;
cantantes, etc., etc. Nunca, ninguno de ellos que se haya tomado en
serio su aprendizaje, ha fracasado en aprender esta actividad. Y todos
eran gente completamente normal, sin ningún don auditivo sobrenatural.
Una de los hechos desgraciados que una y otra vez verifico en los
pianos de profesores de piano, pianistas, aficionados al piano y, por
qué no, conciertos de piano, es que el piano no se encuentra en
condiciones óptimas de afinación. Me entristece especialmente notar el
estado deplorable de la afinación del piano de algunos profesores de
piano, quienes “supuestamente” enseñan “música”.
Lamentablemente debemos reconocer que el piano es el único
instrumento musical que generalmente se utiliza bastante desafinado. ¡Y
nos hemos resignado a ello!
¿Se imaginan a un guitarrista tocando con la guitarra desafinada? ¿Y
algún otro instrumentista? Es imposible de imaginar. Solo a los amantes
del piano nos toca reconocer que el instrumento que amamos la mayor
parte del tiempo se encuentra gravemente desafinado.
Las maneras que hemos encontrado para justificar este dislate son
variadas. He escuchado decir que “los afinadores cobran muy caro y no
los podemos llamar a cada rato”, que “en mi ciudad no hay un afinador de
pianos”, que “me han dicho que un piano se debe afinar cada varios
años”, etc.
Pero todas estas excusas no deben tener cabida si aspiramos a
devolverle al piano el lugar de preponderancia y excelencia que le
corresponde.
Cada persona que tiene un piano DEBE aprender a realizar la afinación
de su propio piano. ÉSTA es la solución a este problema. Al no depender
de terceras personas, nuestro piano estará permanentemente en estado de
perfecta afinación, porque seremos nosotros mismos quienes lo
afinaremos constantemente.
Aprender a afinar pianos es perfectamente posible para cualquier persona que se lo proponga.
Además, si aprendemos a afinar nuestro propio piano, tendremos muchos beneficios adicionales:
1) Si somos profesores de piano, podremos afinarle el piano a nuestros alumnos obteniendo un ingreso adicional.
2) Si somos pianistas, podremos afinar el piano para nuestros conciertos, presentaciones o grabaciones.
3) Cualquiera que sea el caso, nuestro piano estará permanentemente en estado de óptima afinación.
4) Si lo decidimos, podremos dedicarnos profesionalmente a afinar pianos y obtener una muy buena fuente de ingresos adicionales.
5) Si tenemos alumnos, podremos enseñarles a ellos a afinar pianos.
6) Etc., etc.
Espero que estas líneas nos ayuden a reflexionar sobre este grave problema.
Prof. Hugo Landolfi - Director